Reencuentro con mi bici robada
Algunos seguramente os acordareis de las circunstancias del hurto de mi bici antigua. Bueno, el caso es que yo ya había perdido cualquier esperanza de volver a dar nunca con ella. Nada mas lejos de la realidad. Que bromista es el destino.
Salía el otro día yo de hacer el examen teórico para obtener el permiso de conducción, y regresando a casa por las calles de Barcelona… la encontré de nuevo.
Allí estaba. Sorpresa mayúscula. ¿Quien espera eso en una ciudad como Barcelona? Las malas noticias es que estaba atada a una farola con una pitón irrompible. Que pena.
¿Que podía hacer ahora? ¿Tengo que robarle al ladrón? ¿Destrozarla solo para joderlo? ¿Pasar de largo como si nada?
Al principio quise recuperarla. Al César lo que es de César. O esa era la idea que predominaba en mi excitación del momento.
Estuve esperando como media hora a que llegara el dueño. No sabía exactamente que es lo que pretendía, puesto que en el mejor de los casos el propietario sería un tipo al que le han revendido la bici y no tiene ni puñetera idea de que va la película. Y bueno… en el peor de los casos es el Matón de tres al cuarto que me robó la bici y lo único que logre es que lleguemos a las manos; así que no las tenía todas.
Mientras esperaba reflexioné. Me di cuenta de que ya no quería esa bici, ni mucho menos la necesitaba. Vi lo maltrecha que estaba y me di cuenta que me traería solo problemas y gastos. Tampoco no tengo donde meterla en casa, tengo a una bici en mejores condiciones que ocupa su sitio.
No la quería. Así que la volví a dejar atrás. Esta vez por decisión propia. Ya estaba decidido. Adiós y hasta la próxima…



